Tanto desierto de improbababilidades en medio de dos paraísos distantes.
La sed siempre dibujó espejismos en el horizonte,
y escribir, es decirlo todo calladamente.
Acaso no comprendes lo que mi amor atribulado
calla?
Que no escuchas sus dolores como un gemido
en baja frecuencia?
No ves que casi ha muerto ya envenenado
con falsos gríales de amor,
pretenciosos, egoístas?.
Esos, que lo toman todo y nada deben.
Esos deyabú demandantes de entrega plena
en tributo a sus ominosos caprichos del momento.
cual cuervos desgarrandote las entrañas.
Esos, que se sostienen con mentiras disfrazadas,
En sus afanes de poder y conquistas,
plantando altaneras estacas como banderas
mientras cercenan nuestras maltrechas ilusiones.
Saqueando indiferentes hasta la última reserva de esperanza.
