sábado, 4 de febrero de 2012

Silencio...

Déjame descansar entre tus brazos, tanto ruido me atormenta. Déjame estrecharme contra tu pecho para solo escuchar el susurro de tu alma y abandonarme sobre el calor de tu cuerpo...
Déjame así, a salvo del tiempo que me pisa los talones, lejos del ruido. Que luego el apetito voraz de las horas volverá al asedio...

Entonces recordaré que siempre tendré este lugar atesorado que me espera otra vez. Uno de esos momentos en que solo existe el amor entre tus brazos.

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