domingo, 5 de febrero de 2012

Papel mojado...





Esta noche hay luna llena y quiero saber cómo las bestias hacen el amor. ¿Te gusta mi disfraz? Tengo el rostro pintado de arcángel y tú tienes la mirada salvaje. No me quites los guantes ni las botas, no hace falta, desnúdame con los ojos y deshójame con los dientes.
Me inmovilizas, yo forcejeo un poco y te muerdo. ¿Tienes rabia? Viértela sobre mí. No, no te daré este beso, tendrás que robarlo. Sometiéndome a tus caricias te digo: Mátame, devórame la vida esta noche.
Ya te siento reclamando mi boca, mi cuello, jugando entre mis pechos con delicada torpeza, te clavé las uñas, tenemos heridos los labios y hemos bebido nuestra sangre. Hay vino derramado por todas partes, olor a incienso y sudor mezclados, tú andas ensimismado en mi latitud sur y yo descubro otra dimensión mientras tu lengua me enloquece hasta el delirio. Soy manantial que se derrama.
Arrancaste mi ropa sin consentimiento. Tus manos recorren cada rincón de mi geografía y tus mordidas me arden en la piel. Tengo antojo de tu sexo.
No consigo escuchar la música de fondo, solo tu respiración de búfalo y la mía entrecortada entre hilos de voz que se me escapan. Te escucho también decirme: -chiquita, que ganas tenía de tí- bien sabes que alcanzo las estrellas cuando me hablas así.
-No tengas misericordia- te imploro por castigo cuando mi cuerpo exhuda lujuria. Tú te me encimas y me penetras con piadosa crueldad. No sé quién soy en este momento pero sé lo que siento, ando a la deriva entre este vaivén de olas y se me entornan los ojos mientras me ahogo en un deseo que crece cada vez más.
Sobreviene una tormenta, nuestros cuerpos resbaladizos se nos diluyen entre las manos y te veo erguido sobre mí, entre mis piernas, zigzagueando en frenesí con el dominio absoluto sobre mi sexo húmedo. Quiero más de esto, hasta el último aliento gózame a tu capricho.
Me tomas por la cintura y me volteas hasta dejarme en posición de hembra en celo, te deleitas por un momento acariciando mi cabello y arreglándolo en mi espalda como un niño travieso. Tengo un deseo impaciente, te necesito.
Tu falo vuelve al ataque mientras tus manos que me sostienen me empujan con fuerza hacia ti, se me confunden el dolor y el placer, pero estoy tocando el cielo. Dejo escapar una súplica y tú, obediente, me complaces envistiendo contra mí una y otra vez. Quiero ser fiera y desafiarte, quiero vengarme.
Me levanto y te tumbo en la cama, te admiro paseando una mirada por tu cuerpo buscando sigilosa el lugar exacto donde posarme sobre tí.
Lentamente te hago entrar y salir de mí mientras te seduzco con un beso, te advierto confiado y me vuelvo una gata caprichosa hasta que me amansas y mis sentidos se rinden abandonados en el placer sobre tu pelvis mientras el cabello se me desparrama sobre el rostro. Tú me miras intentando contenerte, te miro, la adrenalina se eleva, somos un volcán en erupción. Mis sonidos son intensos y los tuyos se liberan. Estamos en el clímax, casi gritamos de éxtasis mientras disfrutamos este declive hasta el hastío.
Ahora nos hemos quedado inmóviles recuperando la conciencia. Adoro este sucumbir y resucitar como el fénix de sus cenizas, tumbados como bestias satisfechas uno al lado del otro, exhaustos, acariciándonos.
Tímida me recuesto sobre tu pecho. Tú me preguntas o te pregunto: te ha gustado? Invariable la respuesta entre una risa maliciosa: No qué va! fué fingido! Y sonriendo dormimos abrazados.

Papel mojado.

Con ríos
con sangre
con lluvia
o rocío
con semen
con vino
con nieve
con llanto
los poemas
suelen
ser
papel mojado
M. Benedetti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario